Evangelio 4 Noviembre |El que renuncie a lo que posee no puede ser mi discipulo

Miércoles 4 de noviembre

RESUMEN DEL EVANGELIO, MIÉRCOLES 4 DE NOVIEMBRE
MEMORIA DE SAN CARLOS BORROMEO, OBISPO ITALIANO DEL SIGLO XVI
Evangelio, Lucas 14, 25-33: Exigencias en el seguimiento de Cristo

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: «Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío.

»Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: «Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar». ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.»
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MI COMENTARIO

Primero de todo: estamos rezando mucho para que termine el huracán que está azotando Nicaragua y Honduras. Confiemos en Dios y en la Virgen Inmaculada.

1. Tres son las condiciones que pone Jesús para quien quiera seguirle, ya sea como consagrado, ya sea como laico. No hay distinción:
a) Preferirle a Él antes que cualquier persona o cosa: Él es el Señor y el Tesoro en nuestra vida. Preferir otra cosa antes que a Jesús, es una ofensa y una bofetada a quien Dios envió como Salvador y Redentor.
b) Cargar con la cruz: cada uno tiene un pedazo de la cruz de Cristo. Quien sigue a Jesús ya sabe lo que tiene que hacer: llevar con alegría la cruz que Dios quiera o permita en nuestra vida: cruz física, cruz moral, cruz espiritual.
c) Seguirle: Jesús ya dejó en el evangelio sus huellas. Lo único que tenemos que hacer es poner nuestro piececito en esa huella y seguirle. En las buenas y en las malas. En las duras y en las maduras. Cuando tenemos ganas y cuando no tenemos ganas.
d) Renunciar a todos los bienes: esta última condición hay que entenderla de dos maneras. A unos, Cristo les pide renunciar materialmente a todos los bienes; son los religiosos y consagrados. A otros, Cristo les pide renunciar espiritualmente a los bienes, es decir, no apegar el corazón a las cosas de aquí. Usarlas en tanto cuanto sirvan para llevar una vida digna y ayudar a los necesitados.
2. Hoy nos sale al paso un santo que vivió en plenitud estas condiciones de Jesús: san Carlos Borromeo, obispo de Milán y cardenal. Rodeado de honores, cargos, prestigio, aplausos, privilegios, noble, riquísimo. Se privó de todo y lo dio a los pobres, empleando sus bienes en la construcción de hospitales, hospicios, casas de formación para el clero, comprometido en poner en práctica las reformas que pidió el concilio de Trento. Le tocó en su tiempo una terrible epidemia en 1576 que duró mucho tiempo; y ahí estuvo él socorriendo a los necesitados, y su caridad no conoció límites ni precauciones. Murió a los 46 años de edad, agotado, pero feliz. ¡Digno seguidor de Cristo!
3. Cada uno hoy debemos examinarnos cómo vivimos estas condiciones que Jesús nos pone: preferirle a él, cargar la cruz, seguirla y renunciar a todo por él. Y todo por amor, porque hemos encontrado en Jesús el tesoro y la perla preciosa. ¡Vale la pena! O mejor, ¡vale la vida!

San Carlos Borromeo ruega por la Iglesia, por los obispos y el clero, por las familias, y, sobre todo, para que termine esta pandemia. Les mando a cada uno la bendición de Dios, P. Antonio Rivero, L.C.