Evangelio 6 Mayo|El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado

Miércoles, 6 de mayo

RESUMEN DEL EVANGELIO MIÉRCOLES 6 DE MAYO, JUAN 12, 44-50: En aquel tiempo, Jesús gritó y dijo: «El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; y el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas. Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien le juzgue: la Palabra que yo he hablado, ésa le juzgará el último día; porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que el Padre que me ha enviado me ha mandado lo que tengo que decir y hablar, y yo sé que su mandato es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo lo hablo como el Padre me lo ha dicho a mí».
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MI COMENTARIO

¿Qué soy a mi alrededor: luz o tiniebla?

1. Cristo se definió a sí mismo como LUZ DEL MUNDO. Y como luz sigue dividiendo a la humanidad. También ahora hay quien prefiere la oscuridad o la penumbra para hacer sus maldades, cometer sus horribles pecados. Basta pensar lo que se hace a veces y en muchos lugares durante la noche. ¿A qué horas abren de ordinario los antros y los lugares de placer? A la luz todo se ve, y daría vergüenza.
2. Nosotros, seguidores de Cristo, aceptamos o deberíamos aceptar en nuestra vida su luz, que nos alumbra desde la Palabra de Dios en la Sagrada Escritura y que escuchamos o leemos todos los días, más ahora en esta pandemia. Esta Palabra de Dios iluminará zonas de nuestro ser donde todavía no ha llegado esa luz de Jesús. Ser hijos de la luz significa caminar en la verdad, en la honestidad, en la fidelidad a nuestros compromisos en el matrimonio o en el sacerdocio o vida consagrada. Significa caminar en el amor, sin odios o rencores. La tiniebla es tanto dejarnos manipular por el error, como encerrarnos en nuestro egoísmo y no amar.
3. ¿Se acuerdan cómo comenzó la Vigilia Pascual? ¡Con la luz de Cristo resucitado! Y todos encendimos nuestra velita en ese Cirio Pascual, que simbolizaba a Cristo Luz. Pensemos por un momento cómo estaría nuestro mundo si la Luz de Cristo alumbrase todos los rincones. Cómo estaría nuestra alma si brillase la luz de Cristo en todos los recovecos de mi ser: mente, afecto, sentimientos. ¡Fuera la tiniebla del pecado, de la manipulación y mentira!

Dejemos entrar la luz de Cristo en nuestro ser y seamos reflectores de la luz de Cristo en nuestra casa, entre los amigos, en nuestros trabajos, sea con nuestra palabra sincera, bondadosa, sea con nuestro testimonio de alegría y servicio. Les mando a cada uno en particular la bendición de Dios, P. Antonio Rivero, L.C.