
Evangelio 16 Enero|Señor si tú quieres puedes limpiarme
Evangelio según San Marcos 1,40-45.
Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda purificado».
En seguida la lepra desapareció y quedó purificado.
Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente:
«No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio».
Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares desiertos. Y acudían a él de todas partes.
RESUMEN EVANGELIO JUEVES 16 DE ENERO, MARCOS 1, 40-45
¿Qué es la lepra, por qué se contagia la lepra, cómo salir de la lepra?
El pecado es el símbolo de la lepra, y Cristo ha venido a curarnos de esta terrible lepra.
1. Contraviniendo todas las leyes, el leproso se acerca a Jesús y se postra de rodillas ante él (recuerde el caso del gadareno que no podemos desviarlo del tema en cuestión, por cuanto sencillamente viene a ser lo mismo, pero bajo otra versión o forma de explicar lo que el Verbo quiere darnos a entender). De sus labios salió una súplica: “Si quieres, puedes sanarme” (Mc. 1, 40). Tratándose de un acto de misericordia, Jesús no se podía negar. Su actitud no se redujo solo a sentir misericordia. Pasó a la acción. Contraviniendo otra ley que prohibía tocar a las personas afectadas por la lepra, “extendió la mano y lo tocó” (Mc. 1, 41). Al gesto se unió su palabra poderosa: “Quiero, queda sano” (Mc. 1, 41). Estamos ante una serie de infracciones legales que merecieron una sanación, que para el leproso significan la salvación y su integración social.
2. Marcos resume la actitud de Jesús ante el leproso en un verbo: “Se compadeció”. Lo cual significa: “padecer-con”. Hacer nuestro el dolor de los otros. Ponernos en su lugar, para vivir la experiencia del dolor de las personas que sufren por cualquier motivo. Además, el dolor añadido de la exclusión social, cuando esto sucede. El discípulo de Jesús no se puede quedar sólo en un sentimiento muy noble pero estéril, ante la persona que sufre por cualquier situación penosa. La compasión auténtica pasa del sentimiento a la acción.
3. Los leprosos de hoy son todos los marginados sociales, que son muchos y muchos los motivos que generan dicha marginación: enfermedades como el sida, racismo, discriminación por la cultura, el color, el estrato social, etc. La tarea de todo discípulo de Jesús es lograr la integración social de todas estas personas. También nosotros somos leprosos porque llevamos en nuestra carne el pecado de la lepra, concretada en egoísmo brutal, en soberbia descarada, en lujuria degradante, en mentira encubierta, en extorsiones y fraudes sin nombre, en crímenes que claman al cielo, como el aborto. ¿Qué hacer? Acudir, gritar a Cristo para que nos cure de la lepra de nuestros pecados. Él es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Ayudar a nuestros hermanos también leprosos a acudir a Cristo. Los confesonarios deberían estar repletos de gente pidiendo la curación de la lepra. ¿A quién le gusta vivir enfermo y leproso? Y nosotros, sacerdotes, estemos siempre disponibles para ofrecer esa sanación de Cristo por el ministerio de la Iglesia.
San Damián de Veuster, apóstol de los leprosos, ruega por nosotros. Les mando a cada uno la bendición de Dios, P. Antonio Rivero, L.C.