Evangelio del Día

 

 

Evangelio 17 Enero|Levántate toma tu camilla y vete a casa

Evangelio según San Marcos 2,1-12.

Jesús volvió a Cafarnaún y se difundió la noticia de que estaba en la casa.
Se reunió tanta gente, que no había más lugar ni siquiera delante de la puerta, y él les anunciaba la Palabra.
Le trajeron entonces a un paralítico, llevándolo entre cuatro hombres.
Y como no podían acercarlo a él, a causa de la multitud, levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba, y haciendo un agujero descolgaron la camilla con el paralítico.
Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados».
Unos escribas que estaban sentados allí pensaban en su interior:
«¿Qué está diciendo este hombre? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?»
Jesús, advirtiendo en seguida que pensaban así, les dijo: «¿Qué están pensando?
¿Qué es más fácil, decir al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados’, o ‘Levántate, toma tu camilla y camina’?
Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados
-dijo al paralítico- yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa».
El se levantó en seguida, tomó su camilla y salió a la vista de todos. La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios, diciendo: «Nunca hemos visto nada igual».

RESUMEN EVANGELIO, 17 DE ENERO, SAN ANTONIO ABAD (SIGLO IV), Marcos 2, 1-12

Ayer Jesús curaba a un leproso, hoy a un paralítico.
¿Qué partes de mi vida tengo yo paralizadas?

1. San Antonio abad, antes de su encuentro con el Señor tenía su corazón paralizado por la riqueza que le habían dejado sus padres. Escuchó en una misa: “Si quieres ser perfecto, vete, vende lo que tienes y dalo a los pobres”. Y así hizo, y quedó curado de su parálisis interior. Se fue al desierto a hacer oración, sacrificio y penitencia durante 80 años. Desde el Oriente acudían a él monjes, peregrinos, sacerdotes, obispos, enfermos y necesitados…y a todos atendía con caridad, y les curaba de sus parálisis espirituales. El demonio, a veces vestido de ángel, no estaba contento con la obra maravillosa que hacía este monje del desierto, y le tentaba terriblemente. Pero san Antonio con la oración y el ayuno y la penitencia le resistía.
2. Veamos ahora al paralítico del evangelio. Encomiable la caridad de los amigos de ese enfermo que le llevan a Jesús en una camilla y se meten por el techo. Jesús premió la fe del paralítico, la caridad de los amigos del paralítico…y curó al enfermo de cuerpo y alma, con el asombro de algunos y el rechazo de los letrados. Vino la primera controversia contada por san Marcos de Jesús con estos letrados. Por supuesto que ganó Jesús, demostrando que era el Hijo de Dios.
3. Tres cosas podemos aprender de este evangelio:
a) A ayudar a nuestros hermanos enfermos, sobre todo de alma, y llevarlos a Jesús, como los camilleros.
b) A pedir a Jesús nos cure de nuestras parálisis del alma. No hay mejor sacramento para curar nuestras parálisis que la confesión. Ahí escucharemos de boca de la Iglesia, en nombre de Cristo: “Tus pecados te quedan perdonados”.
c) A recoger esa camilla, llevarla en hombros, y dar gloria a Dios por la curación, para que me vean feliz.

Les mando a cada uno de ustedes la bendición de Dios, P. Antonio Rivero, L.C.