Jueves 6 de febrero
RESUMEN EVANGELIO JUEVES 6 DE FEBRERO, MARCOS 6, 7-13: En aquel tiempo, Jesús llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: «Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas». Y les dijo: «Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos». Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.
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MI COMENTARIO
Jesús manda a sus apóstoles a predicar.
1. Primero estuvieron con Él, aprendieron de Él. Le oyeron, le vieron. Tienen grabados en su mente y corazón los gestos, las palabras, las miradas, los milagros que Jesús hizo durante estos tres años. Y ahora ya es el momento de salir ellos a predicar, a transmitir lo que Jesús les había comunicado, el mensaje de Jesús sobre el amor, la justicia, la paz, la solidaridad, la honestidad, la verdad. Jesús comparte su misión con ellos. No sus ideas, sino el mensaje de Jesús.
2. Y les mandó con unos mandatos concretos: de dos en dos, con lo esencial en la mochila, un bastón, unas sandalias y una túnica. Ir de casa en casa, saludando y transmitiendo el mensaje de Jesús y predicando la conversión, es decir, la vuelta a Dios y a destruir el pecado. Ellos no son protagonistas ni malabaristas ni genios. No van a llamar la atención ni a ganarse amigos para su causa ni a conseguir fama. Y los apóstoles eso hicieron. A veces les fue bien. Otras, no.
3. Tú que me escuchas: por ser bautizado también eres enviado por Jesús a predicar y a llevar la luz del evangelio de Jesús dentro de tu medio ambiente, en tu casa, entre tus parientes y amigos, en tu trabajo y en la escuela, en la parroquia y entre tu comunidad. No confiemos en nosotros mismos y en los medios humanos, sino en Cristo y en la fuerza de su mensaje. ¿Que nos va bien? ¡Bendito sea Dios! ¿Que nos insultan y persiguen? La historia de la Iglesia está llena de estas incomprensiones.
Hoy, por ejemplo, celebramos a los mártires del Japón, en pleno siglo XVI. San Pablo Miki, jesuita, y sus compañeros, jesuitas y franciscanos, sufrieron persecución, maltratos y hasta crucifixión, con el rito de las espadas. Entre ellos alcanzó la gloria del martirio el santo mexicano Felipe de Jesús, cuya fiesta celebramos ayer. Pensemos en todo esto. Y seamos valientes discípulos y misioneros de Cristo. Les mando a cada uno la bendición de Dios, P. Antonio Rivero, LC