RESUMEN DEL EVANGELIO DEL MIÉRCOLES 27 DE MAYO, JUAN 17, 11-19: En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura.
»Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad».
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MI COMENTARIO
El cristiano está en el mundo, pero no es del mundo.
1. Seguimos en la oración sacerdotal de Cristo, donde se está despidiendo de sus apóstoles, al igual que en la primera lectura de la misa de estos días donde san Pablo se despedía de la comunidad de Éfeso. Y, ¿qué les dice? ¿Qué nos dice?
2. Estamos en el mundo: para ser sal, fermento y luz en medio del mundo. En este mundo estudiamos y trabajamos para mejorar la sociedad desde la fe, realizamos nuestra vocación, sea matrimonial como consagrada. El cristiano no forma “ghetos” a parte. Estamos en el mundo.
3. Pero no somos del mundo. Antes la palabra mundo significaba realidad social. Ahora la palabra mundo es sinónimo del mal, con su presencia y eficacia, las estructuras de pecado, el orden injusto, que nos invita a claudicar de la verdad, de la fe, de nuestros principios morales. Cristo aquí reza por nosotros para que su Padre Dios nos preserve del mal del mundo que nos tienta con tantas propuestas de pecado, ideologías e idolatrías contrarias a la ley de Dios. No podemos ser sal insulsa, luz apagada, fermento estropeado, contaminado y corrupto. En muchas ocasiones tenemos que caminar contra corriente, ir en contra de esas modas que no concuerdan con el Evangelio. No nos dejemos domesticar por este mundo superficial y consumista. El seguir a Cristo muchas veces comporta el riesgo de una vida crucificada como la suya y el estar dispuesto a la conflictividad, incluso con familiares contagiados por el virus del mundanismo, del que habla el papa Francisco.
¡El cristiano es alma del mundo! Lo que es el alma en el cuerpo, esto es lo que han de ser los cristianos en el mundo. Nos corresponde ser testigos con los hechos, el estilo de vida, la denuncia profética, la oferta de una nueva forma de vivir y de convivir. En un mundo utilitarista, proclamemos que hay otras realidades por encima de lo rentable. En un mundo corrupto y mentiroso, gritemos la honestidad y la verdad. En un mundo que nos invita al placer desenfrenado seamos cristianos equilibrados. En un mundo de gente tristona y aburrida, de caras largas, los cristianos hemos de ser testigos del entusiasmo y la alegría del evangelio, porque tenemos la presencia de Cristo y de su santo Espíritu.
Les mando a cada uno de ustedes la bendición de Dios. P. Antonio Rivero, L.C.