Evangelio 27 Mayo |Jesucristo sumo y eterno Sacerdote

JUEVES 27 DE MAYO
JESUCRISTO SUMO Y ETERNO SACERDOTE

RESUMEN DEL EVANGELIO, JUEVES 27 DE MAYO
JESUCRISTO, SUMO Y ETERNO SACERDOTE

Marcos 14, 12a.22-25: El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dicen sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que comas el cordero de Pascua?» Entonces, envía a dos de sus discípulos y les dice: «Id a la ciudad; os saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle y allí donde entre, decid al dueño de la casa: ´El Maestro dice: ¿Dónde está mi sala, donde pueda comer la Pascua con mis discípulos? El os enseñará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta y preparada; haced allí los preparativos para nosotros.» Los discípulos salieron, llegaron a la ciudad, lo encontraron tal como les había dicho, y prepararon la Pascua. Y mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio y dijo: «Tomad, este es mi cuerpo.» Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio, y bebieron todos de ella. Y les dijo: «Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos. Yo os aseguro que ya no beberé del producto de la vid hasta el día en que lo beba nuevo en el Reino de Dios.» Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos.
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MI COMENTARIO

Consideramos los dos aspectos del sacerdocio, como nos ha enseñado la Iglesia: sacerdocio ministerial, en los ministros ordenados. Y el sacerdocio común, en todos los laicos, recibido el día de nuestro bautismo.

1. SACERDOCIO MINISTERIAL: En este día, al agradecer el don del sacerdocio, personificado ante todo en Jesucristo, pero también, salvada la distancia entre él y los presbíteros, les invito también a orar por la santificación de aquellos a los que el Señor quiso llamar un día a seguirle más de cerca en el ministerio sacerdotal al servicio de su pueblo. El motivo es muy sencillo, pero muy importante y significativo. De la santidad y de la ejemplaridad de los sacerdotes, depende en gran medida la vida de la gracia y el nivel de perfección cristiana de las comunidades de los fieles. Y por nuestra parte, el mejor modo de reconocer con gratitud el don recibido es mirar, honrar y adorar a Jesucristo nuestro Sumo Sacerdote y Mediador delante del Padre tratando de hacer de nuestra propia vida, según el don de cada uno, una ofrenda agradable a Dios de alabanza y de entrega total de nosotros mismos. Es lo que hacemos cada día en la plegaria eucarística de la Santa Misa, cuyos textos deberíamos meditar con alguna frecuencia. Pensemos, por ejemplo, en el momento en que elevamos en nuestras manos el Cuerpo y la Sangre del Señor diciendo: «Por Cristo, con Él y en Él, a ti Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria». O lo que decimos en la consagración: “Esto es mi cuerpo que será entregado…esta es mi sangre que será derramada”. Esa es la vida de todo sacerdote: cuerpo entregado y sangre derramada para prolongar el el sacrificio de Cristo para la salvación de todos.
2. SACERDOCIO COMÚN: Pero también es un día para agradecer a Cristo el don del sacerdocio común, recibido el día del bautismo y del que ha hecho participar a todos los laicos y consagrados, también. Todos los bautizados son consagrados para formar un templo espiritual y un sacerdocio santo. ¿Cómo ejercitan los laicos este sacerdocio común? Ofreciendo a Cristo en la patena del sacerdote sus fatigas y sus sacrificios, sus alegrías y tristezas, sus éxitos y fracasos. También, mediante la oración diaria, ofrecida por la santificación de todos.
3. Entre los dos hay una diferencia, no en importancia, sino en diversa función dentro de la Iglesia. El sacerdocio ministerial de los presbíteros está al servicio de los demás, representando a Cristo sacerdote. Han sido llamados por Dios para hacer visible a Cristo para ofrecernos los sacramentos en nombre de Cristo y de la Iglesia. El sacerdocio común es regalo de Dios en el día del bautismo para hacer visible la caridad de Cristo y la ofrenda de una vida santa en el matrimonio y en una profesión.

Que María Santísima proteja a todos los sacerdotes. Ella es la madre de todos los sacerdotes: de los que hemos recibido el don del sacerdocio ministerial y también de los que han recibido el don del sacerdocio común. Ella no recibió el sacerdocio ministerial, y no por eso no es importante. Es más importante que todos los sacerdotes del mundo juntos. Les mando la bendición de Dios, P. Antonio Rivero, L.C.

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