Evangelio 27 Marzo |Yo no vine por mi propia cuenta; pero el que me envió dice la verdad, y ustedes no lo conocen

Evangelio según San Juan 7,1-2.10.25-30.

Jesús recorría la Galilea; no quería transitar por Judea porque los judíos intentaban matarlo.
Se acercaba la fiesta judía de las Chozas,
Sin embargo, cuando sus hermanos subieron para la fiesta, también él subió, pero en secreto, sin hacerse ver.
Algunos de Jerusalén decían: «¿No es este aquel a quien querían matar?
¡Y miren cómo habla abiertamente y nadie le dice nada! ¿Habrán reconocido las autoridades que es verdaderamente el Mesías?
Pero nosotros sabemos de dónde es este; en cambio, cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde es».
Entonces Jesús, que enseñaba en el Templo, exclamó: «¿Así que ustedes me conocen y saben de dónde soy? Sin embargo, yo no vine por mi propia cuenta; pero el que me envió dice la verdad, y ustedes no lo conocen.
Yo sí lo conozco, porque vengo de él y es él el que me envió».
Entonces quisieron detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él, porque todavía no había llegado su hora.

RESUMEN DEL EVANGELIO DEL VIERNES 27 DE MARZO, JUAN 7, 1-2.10.25-30

Jesús se la jugó por cada uno de nosotros.

1. Tenía alternativas para rehuir la muerte: la retirada de su ministerio y el retorno a la vida tranquila de Nazaret. Podía haber contemporizado suavizando la dureza de sus mensajes, llegando a componendas con sus enemigos, derrochando “prudencia”. Podía haber organizado la resistencia, formando grupos de presión. Podía, al menos, desdecirse en el juicio, haber pedido disculpas por el tono de sus denuncias. Pero no. Jesús no se retractó de nada, a pesar de que imaginaba las consecuencias. Afronta la muerte por TODOS Y CADA UNO DE NOSOTROS. Se entrega impulsado por un amor personal a cada uno.
2. Si el Señor entregó su vida por nosotros, nosotros, ¿qué deberíamos hacer? ¿Por qué tenemos miedo a la muerte, a la enfermedad, a esta del coronavirus y a todas las demás? ¿Por qué si nos cuidamos en el cuerpo, no cuidamos también nuestra alma con la oración y los sacramentos, nuestra fe, nuestra familia, nuestros valores católicos, a nuestros ancianos y enfermos?
3. Sólo cuando sufrimos, sabemos que amamos. Por lo demás, Jesús nos anima prometiéndonos su presencia confortadora. Alguien ha dicho: “Cuando alguien defiende una causa y no es capaz de morir por ella, o es mezquina la causa o es mezquino el que la defiende”. Sabemos bien que nuestra causa es grandiosa. No todo será martirio, también hay alegrías profundas. Lo evangélico es entregarse por amor, venga lo que viniera: cruz o gloria. Como hizo Jesús.

Sigamos serenos y confiados en nuestras casas, leyendo y meditando el evangelio, viviendo en familia, animándonos mutuamente, viendo las misas y rezando los rosarios por los medios televisivos o por radio. Ya vendrá la Pascua florida. La primavera explotará cuando menos lo pensemos. Cristo no está escondido. Está saliendo a las calles hoy en la persona de esos médicos y enfermeros, de esos sacerdotes y obispos que se exponen llevando los sacramentos. Ánimo, sólo cree. María, salud de los enfermos, ruega por nosotros. Les mando a cada uno en particular la bendición de Dios, P. Antonio Rivero, L.C.

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