Evangelio 23 Marzo|Ve, tu hijo está curado

Evangelio según San Juan 4,43-54.

Jesús partió hacia Galilea.
El mismo había declarado que un profeta no goza de prestigio en su propio pueblo.
Pero cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la Pascua; ellos también, en efecto, habían ido a la fiesta.
Y fue otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía su hijo enfermo en Cafarnaún.
Cuando supo que Jesús había llegado de Judea y se encontraba en Galilea, fue a verlo y le suplicó que bajara a curar a su hijo moribundo.
Jesús le dijo: «Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen».
El funcionario le respondió: «Señor, baja antes que mi hijo se muera».
«Vuelve a tu casa, tu hijo vive», le dijo Jesús. El hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino.
Mientras descendía, le salieron al encuentro sus servidores y leanunciaron que su hijo vivía.
El les preguntó a qué hora se había sentido mejor. «Ayer, a la una de la tarde, se le fue la fiebre», le respondieron.
El padre recordó que era la misma hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive». Y entonces creyó él y toda su familia.
Este fue el segundo signo que hizo Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.

RESUMEN EVANGELIO LUNES 23 DE MARZO, JUAN 4, 43-54
FESTEJAMOS A SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO, PATRONO DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO, OBISPO DE LIMA, EN PERÚ (1538-1606)

Desde aquí mando mi saludo especial a todos los obispos latinoamericanos por el día de su santo patrono, santo Toribio de Mogrovejo, uno de los regalos más valiosos que España le envió a América en el siglo XVI.

¿Qué lección debemos aprender o repasar hoy del evangelio, a la luz de santo Toribio? ¿A dónde queremos estar: en Galilea o en Jerusalén, durante estos días?

1. En Galilea a Jesús le trataban con cordialidad, simpatía, acogida sincera. Se sentía a gusto, aunque es consciente de que “un profeta no es estimado en su propia patria”. En Jerusalén, ya sabemos lo que le espera: hostilidad, envidias, cerrazón, críticas y condena a muerte. Y era la ciudad santa, donde estaba el Templo.
2. ¿Qué pasó hoy en Caná? Jesús cura al hijo de un funcionario real, por tanto a un extranjero. ¿Por qué lo cura? Porque tenía un gran fe en el poder de Jesús. Creyó en la palabra de Jesús: “Tu hijo vive”. No pidió pruebas. Sólo creyó. Vemos a Jesús fiel a las normas judías: no fue a la casa de ese pagano para no dar de qué hablar. Hizo un milagro a distancia. No era necesaria la presencia física de Cristo; bastaba con que acogiera con fe su palabra: “Tu hijo vive”. Lección que tenemos que aprender: creer no por los signos o milagros, sino por la palabra de Jesús. ¡Bendito poder de la Palabra de Dios!
3. Apliquemos este evangelio a nuestro “hoy”. ¿Queremos que Dios nos cure de este terrible mal del coronavirus que está recorriendo a galope por todos las naciones y contagiándonos miedo, temor, gritos? Aprendamos de este funcionario real a creer en el poder de la palabra de Jesús, desde la oración humilde, perseverante: “No tengáis miedo, Yo he vencido al mundo”. Eso sí, Dios está esperando la conversión de todos nosotros, especialmente de aquellos que todavía no creen en Él. Pero también de la conversión de quienes ya somos católicos y cristianos. Tal vez teníamos la fe un poco dormida. Y Dios nos ha despertado.

Ánimo, sigamos unidos, rezando, en familia, serenos, con la confianza en Dios. Hoy le pedimos a santo Toribio que interceda por nosotros. Para él tampoco fue fácil en su tiempo la evangelización de la fe cristiana. Pero él, firme en su fe y con la confianza en la Palabra de Dios que se abriría paso en medio de ese mundo nuevo. Obispos y sacerdotes que me escuchan, repartamos ahora como él el Pan de la Palabra, aunque en estos momentos no podemos llevarles el Pan de la Eucaristía. Les mando a cada uno de ustedes mi bendición que les llene de paz, P. Antonio Rivero, L.C.

Highlights