Evangelio según San Marcos 8,34-38.9,1.
Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará.
¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde su vida?
¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?
Porque si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con sus santos ángeles».
Y les decía: «Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de haber visto que el Reino de Dios ha llegado con poder».
RESUMEN EVANGELIO VIERNES 21 DE FEBRERO, MARCOS 8, 34-9, 1
Las tres condiciones que Jesús pone a quienes quieren seguirle: renunciar a sí mismo, cargar con la cruz y seguirlo.
1. Ayer Jesús nos preguntaba quién decimos que Él es. Y cada uno de nosotros hemos respondido desde lo profundo del corazón. Espero que hayamos respondido que Él es nuestro Camino, Verdad y Vida, el sentido de nuestra vida, el buen Pastor que nos guía, la Luz que nos ilumina, el Agua que nos sacia, el Pan que nos alimenta.
2. Y hoy nos mira a los ojos y nos dice: si quieres venir detrás de mí, te pongo estas condiciones. Tú eres libre en seguirme o no:
a) Renunciar a ti mismo: significa renunciar a todo aquello que tenemos desordenado y malo en nuestro interior. Es el bagaje que portamos desde nuestro nacimiento, ese hombre viejo: egoísta, sensual, envidioso, soberbio, mal hablado, perezoso, iracundo, mentiroso, vanidoso, rencoroso, etc.
b) Cargar la cruz: la señal del cristiano es la santa cruz. Cuando nos bautizamos, el sacerdote nos marcó con la cruz en el pecho, para que nunca olvidemos que seguimos a un Cristo crucificado. Cada uno lleva una cruz a su medida, puesta por Dios para que acompañemos a Cristo en nuestro caminar por la tierra. Cruz física (una enfermedad), cruz moral (desprecios, humillaciones, infidelidades de seres queridos…), cruz espiritual (parece que Dios no me habla).
c) Seguirme: Jesús ha marcado sus huellas en el evangelio. Cada uno de nosotros tiene que poner su pie donde Él ha dejado su enorme huella de caridad, justicia, perdón, humildad, obediencia, donación, generosidad, sinceridad. Cristo deja claro una paradoja: perder para ganar. ¿Qué tengo que perder para ganar lo importante en mi vida? Cada uno tiene que seguirle en su estado de vida: soltero, casado, consagrado.
3. Ahora es el momento de tocar la aldaba de nuestro corazón y ver cómo estamos viviendo estas tres condiciones que nos pone Jesús. ¿Somos cristianos de verdad o sólo de nombre y de labios para afuera?
Miremos hoy un crucifijo donde esté Cristo. ¿Qué he hecho por Cristo? ¿Qué estoy haciendo por Cristo? ¿Qué haré por Cristo? ¿Está contento conmigo? “Obras son amores y no buenas razones”. Les mando a cada uno de ustedes la bendición de Dios, P. Antonio Rivero, L.C.