2 de noviembre
RESUMEN DEL EVANGELIO, LUNES 2 DE NOVIEMBRE
CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS
Lucas 23: la muerte de Cristo en la cruz.
Cuando los soldados llegaron al lugar llamado Calvario, crucificaron allí a Jesús y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Uno de los malhechores colgados le insultaba: «¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!». Pero el otro le respondió diciendo: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino». Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso».
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MI COMENTARIO
Hoy es uno de los días al año en que los sacerdotes podemos celebrar tres misas, por el alma de nuestros hermanos difuntos. ¿Qué hay detrás de esta conmemoración?
1. Nos recuerda que todos moriremos. La muerte es consecuencia de nuestro pecado, pero también es la puerta de entrada a la eternidad, donde nos espera Dios para el abrazo eterno y poder reunirnos con todos nuestros hermanos que vivieron en la tierra. Por tanto, no debemos tener miedo, porque no todo se acaba con la muerte. No. Comienza la vida eterna con Dios. Aquí estábamos de paso, en peregrinación.
2. Este día nos recuerda que tenemos que rezar por el alma de nuestros difuntos, porque creemos que todos pasaremos por un estadio de purificación en el purgatorio antes de ese abrazo con Dios; están en la iglesia purgante. Es lo que llamamos ganar indulgencias para el alma de los fieles difuntos, porque en vida tal vez no pagaron a Dios toda la deuda por los pecados confesados, pero no expiados con obras buenas. Ellos ya no pueden hacerlo. Nosotros, que estamos en la Iglesia militante, sí podemos. Es una de las mayores obras de misericordia que podemos realizar aquí en la tierra: rezar por el alma de nuestros hermanos difuntos.
3. Ayer celebrábamos a nuestros santos, a los que ya están en la iglesia triunfante. Los que ya se purificaron totalmente. Ellos interceden por nosotros, que estamos aquí en la iglesia militante, luchando por alcanzar la santidad y llevar una vida digna y ejemplar. Vivamos con seriedad nuestra vida, amando a Dios y amando a nuestros hermanos. Y cuando tengamos la desdicha de pecar, pidamos perdón a Dios en la confesión.
Este año del covid-19 han muerto muchos hermanos nuestros. Recemos hoy y ganemos la indulgencia plenaria para el alma de nuestros hermanos difuntos. Cuando hemos ganado esa indulgencia plenaria para alguien, inmediatamente sale del purgatorio y entra al cielo. Y ya saben las condiciones para ganar esa indulgencia, pues les mandé el otro día el flyer. Y desde el cielo ese hermano nuestro intercederá después por nosotros ante Dios. Esta es la maravilla de la comunión de los santos, que rezamos todos los domingos en el credo. Esta victoria nos la ganó Cristo con su muerte y resurrección. Y nosotros con la oración se la hacemos llegar a nuestros seres queridos ya fallecidos. Terminemos con esta oración de una de las misas de hoy: Escucha, Señor, nuestras súplicas para que, al confesar la resurrección de Jesucristo, tu Hijo, se afiance también nuestra esperanza de que todos tus hijos resucitarán. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Les mando la bendición, P. Antonio Rivero, L.C.