MIÉRCOLES 19 DE MAYO
RESUMEN DEL EVANGELIO, MIÉRCOLES 19 DE MAYO
Juan 17, 11-19: En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura.
»Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad».
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MI COMENTARIO
Me fijaré en estas palabras de Jesús: “Estáis en el mundo, pero no sois del mundo”. La palabra mundo sale 9 veces en este pasaje que hemos leído. ¿Qué significa la palabra “mundo”?
1. Estamos en el mundo. Es un hecho. Trabajamos aquí en este mundo político, social, económico. Es aquí donde la Iglesia también tiene su labor evangelizadora. Es aquí donde los movimientos eclesiales lanzan sus carismas y los ponen al servicio de todos. Cuando Jesús dice aquí “mundo” lo emplea como sinónimo de realidad social. Jesús no sólo no pide al Padre que saque del mundo a sus discípulos, sino que le dice al Padre: “Como tú me enviaste al mundo, así los envío yo” (Juan 17, 21). Y nos envía aquí a este mundo para llevar la Palabra de Dios que salva, orienta. Es aquí donde debemos encarnar nuestra fe cristiana, en el trabajo, en las fiestas, en las relaciones con el prójimo, en nuestra familia, en nuestra actividad intelectual. Nuestra fe tiene que encarnarse en la historia. No podemos irnos y escondernos en montañas como los esenios en tiempo de Jesús. No debemos escapar de este mundo, sino ser luz, sal y fermento evangélico en este mundo, para que ya florezcan los frutos de justicia, paz, amor, unidad y verdad. No cerremos nuestra puerta. Salgamos, como nos dice el papa Francisco, y demos testimonio de Cristo, como lo hizo san Pablo, como leemos estos días en la primera lectura.
2. Pero la segunda cosa que nos dice Jesús es esta: “Estáis en el mundo, pero nos sois del mundo”. ¿Qué significa aquí mundo? Es el sentido peyorativo. Mundo como sinónimo del mal, estructuras de pecado, orden injusto. De esto también habla mucho el papa Francisco: no nos dejemos contagiar del mundanismo, de esa mentalidad pagana, mundana, que nada quiere saber del evangelio y los valores de Cristo y de la Iglesia. Sí, debemos estar en el mundo, encarnarnos en él, pero sin dejarnos contagiar por sus idolatrías. Si nos dejamos contagiar por el mundanismo, ya no seremos luz, ni sal ni fermento. Al contrario, proyectaremos oscuridad, corrupción, hasta el punto de provocar ateísmo, y lo que hoy vemos en tantas partes. Ahora que vienen elecciones en tantas partes, ¿qué pasará? ¿Qué luz se proyectará, la de Cristo?
3. Esto trae como consecuencia para todos nosotros nada contracorriente, en actitud de rebeldía y ruptura frente a costumbres, modas y usos que no concuerdan con el espíritu del Evangelio. Y se nos exige no sólo no dejarnos domesticar por una sociedad superficial y consumista, sino saber contradecir a los propios familiares y amigos cuando nos invitan a seguir caminos contrarios al Evangelio. Por eso, seguir a Cristo implica también estar dispuesto a la conflictividad, a aceptar el riesgo de una vida crucificada como la suya, sabiendo que nos espera la resurrección.
Ánimo, los cristianos tenemos que ser “el alma” en el mundo. Lo que es el alma en el cuerpo, esto es lo que debemos ser nosotros cristianos en este mundo. Seamos testigos de Cristo. Les mando la bendición de Dios a cada uno de ustedes, P. Antonio Rivero, L.C.