Jueves 17 de septiembre
RESUMEN DEL EVANGELIO JUEVES 17 DE SEPTIEMBRE
SAN ROBERTO BELARMINO, miembro de la Compañía de Jesús, sacerdote, cardenal de la Iglesia católica, arzobispo, e inquisidor en la época de la contrarreforma, que defendió la fe y la doctrina católica durante y después de la Reforma protestante, por lo que fue llamado el «martillo de los herejes».
Lucas 7, 36-50: En aquel tiempo, un fariseo rogó a Jesús que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa. Había en la ciudad una mujer pecadora pública, quien al saber que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume, y poniéndose detrás, a los pies de Jesús, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume.
Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora». Jesús le respondió: «Simón, tengo algo que decirte». Él dijo: «Di, maestro». «Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?». Respondió Simón: «Supongo que aquel a quien perdonó más». Él le dijo: «Has juzgado bien», y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas, y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra».
Y le dijo a ella: «Tus pecados quedan perdonados». Los comensales empezaron a decirse para sí: «¿Quién es éste que hasta perdona los pecados?». Pero Él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado. Vete en paz».
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MI COMENTARIO
Tres personajes:
1. La gran pecadora, que reconoce su pecado, se arrepiente, le pide perdón a Jesús y sale perdonado. Todos sus gestos son gestos de amor. Jesús la renueva y la pone como ejemplo. ¿Quién de nosotros no es pecador? Lo importante es acercarnos a Jesús arrepentidos y pedirle perdón.
2. El fariseo Simón que invita a Jesús, no por amor, sino para estudiarlo y controlarlo. Critica interiormente a la mujer pecadora y a Jesús. ¿Con qué derecho? Se creía inmaculado, y estaba podrido por dentro de hipocresía y soberbia. No quiso abrirse al perdón y a la salvación de Jesús.
3. Jesús, lleno de ternura y misericordia con la mujer pecadora arrepentida, pero serio y exigente con ese fariseo, pues le dio una lección dura, casi “una bofetada” a ese engreído fariseo. ¿Habrá aprendido esa lección de la misericordia? ¡No lo sé!
¿En cuál de los personajes me encuentro?
Hoy mismo en Roma el papa Francisco dijo lo siguiente: “El fariseo no concibe que Jesús se deje «contaminar» por los pecadores. Los fariseos pensaban de ese modo. Pero la Palabra de Dios nos enseña a distinguir entre el pecado y el pecador: con el pecado nunca hay que hacer acuerdos, pero con los pecadores —es decir, ¡todos nosotros!— es diverso, pues somos como enfermos, que necesitan ser curados, y para curarlos necesitan que el médico se les acerque, los visite y los toque. ¡Y naturalmente los enfermos, para ser sanados, deben reconocer que necesitan del médico! Muchas veces caemos en la tentación de la hipocresía, de creernos mejores que los demás. Por el contrario, todos y cada uno de nosotros debemos mirar nuestro pecado, nuestras caídas, nuestras equivocaciones y mirar al Señor. Esta es la línea de la salvación: la relación entre «yo» pecador y el Señor” (AUDIENCIA GENERAL 17 de Septiembre de 2020).
Les mando a cada uno la bendición de Dios, P. Antonio Rivero, L.C.