MIÉRCOLES 17 DE MARZO
SAN PATRICIO.
RESUMEN DEL EVANGELIO, MIÉRCOLES 17 DE MARZO
SAN PATRICIO, PATRONO DE IRLANDA (Siglo IV-V): gran misionero y preocupado por la conversión de los jefes, pues convertidos los líderes es más fácil conquistar a los súbditos. Luchó contra la herejía pelagiana que negaba la necesidad de la gracia para conseguir la virtud y la salvación. Su ejemplo de celo apostólico fue maravilloso, pues muchos irlandeses durante los siglos le siguieron en este anhelo de llevar el evangelio de Cristo por todo el mundo.
Juan 5, 17-30: Jesús dijo a los judíos:
«Mi Padre trabaja siempre, y yo también trabajo».
Pero para los judíos esta era una razón más para matarlo, porque no sólo violaba el sábado, sino que se hacía igual a Dios, llamándolo su propio Padre.
Entonces Jesús tomó la palabra diciendo: «Les aseguro que el Hijo no puede hacer nada por sí mismo sino solamente lo que ve hacer al Padre; lo que hace el Padre, lo hace igualmente el Hijo.
Porque el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace. Y le mostrará obras más grandes aún, para que ustedes queden maravillados.
Así como el Padre resucita a los muertos y les da vida, del mismo modo el Hijo da vida al que él quiere.
Porque el Padre no juzga a nadie: él ha puesto todo juicio en manos de su Hijo,
para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió.
Les aseguro que el que escucha mi palabra y cree en aquel que me ha enviado, tiene Vida eterna y no está sometido al juicio, sino que ya ha pasado de la muerte a la Vida.
Les aseguro que la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oigan, vivirán.
Así como el Padre dispone de la Vida, del mismo modo ha concedido a su Hijo disponer de ella,
y le dio autoridad para juzgar porque él es el Hijo del hombre.
No se asombren: se acerca la hora en que todos los que están en las tumbas oirán su voz
y saldrán de ellas: los que hayan hecho el bien, resucitarán para la Vida; los que hayan hecho el mal, resucitarán para el juicio.
Nada puedo hacer por mí mismo. Yo juzgo de acuerdo con lo que oigo, y mi juicio es justo, porque lo que yo busco no es hacer mi voluntad, sino la de aquel que me envió.
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MI COMENTARIO
1. Siguiendo el ejemplo de san Patricio podemos decir: sin la gracia de Jesús no podemos conseguir la salvación. Y esta gracia nos la comparte cuando leemos la Sagrada Escritura, cuando participamos de los sacramentos. Es aquí donde Cristo nos ofrece su salvación, la santidad de vida.
2. Basta ver cómo actuamos en nuestro día a día para percatarnos si hemos dejado entrar en nuestra alma la gracia sanadora y santificadora de Cristo. Si somos lánguidos, débiles, aletargados en el cumplimiento de nuestros deberes de estado… es porque estamos enfermos. Pero si somos cristianos comprometidos con nuestra fe, si cumplimos nuestros deberes con amor y alegría…es señal de que la gracia de Cristo ha entrado en nuestro ser y va transformándonos en Cristo. Matrimonios alegres, jóvenes comprometidos, sacerdotes felices y fervorosos, religiosos y religiosas entusiastas y fieles al carisma. Salgamos del sepulcro de nuestros pecados y dejemos entrar a Cristo en nuestra vida.
3. Sólo así pensaremos como Jesús, amaremos como Jesús, sentiremos como Jesús, reaccionaremos como Jesús, obraremos como Jesús. Ese es el cristiano. San Pablo lo resumía así: “Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí”. El mismo san Patricio a quien hoy celebramos: se dejó conquistar por Cristo. Y una vez conquistado él pudo conquistar a otros y llevar el mensaje del evangelio por todas partes, mandando misioneros. Mientras no dejemos entrar a Cristo en nuestra vida, dirá santa Teresa de Jesús, que seremos gusanos de seda, pero nunca lindas mariposas que ya vuelan y llevan el polen por todas partes.
Sigamos en nuestro camino cuaresmal escuchando la Palabra y alimentándonos con los sacramentos que nos dan la vida de Jesús. Y después, transmitamos en nuestra casa, en nuestro trabajo, en nuestras comunidades esa vida nueva que nos da Cristo, para que “todos tengan vida y vida en abundancia”. Les mando la bendición de Dios, P. Antonio Rivero, L.C.