Evangelio según San Marcos 7,31-37.
Entonces le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos.
Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua.
Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: «Efatá», que significa: «Abrete».
Y enseguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente.
Jesús les mandó insistentemente que no dijeran nada a nadie, pero cuanto más insistía, ellos más lo proclamaban
y, en el colmo de la admiración, decían: «Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos».
RESUMEN VIERNES 14 DE FEBRERO, MARCOS 7, 31-37
¿Soy sordo? ¿Soy mudo?
1. Hoy Jesús cura a un sordomudo. Esta vez fueron sus amigos quienes le llevaron a este buen hombre que no podía ir por sí mismo. Me admiran las virtudes de estos amigos: le llevan, le suplican que le imponga las manos.
2. ¿Qué hizo Jesús? Lo aparta, le mete los dedos en los oídos y le toca la lengua con saliva. Hoy esto nos parecería falto de higiene. Cristo quiso con esto tocar la humanidad de este sordomudo con el poder de su divinidad.
3. ¿No seremos nosotros también sordomudos? Sordos, porque no escuchamos la Palabra de Dios, por estar atentos a los ruidos y voces de este mundo loco, de las sirenas de nuestros mares, de los flautistas de Hamelín. Y somos mudos porque nos da vergüenza de hablar de Cristo, de valores evangélicos y éticos. Y preferimos estar callados y como perros mudos.
Hoy Jesús quiere curarnos, si nos dejamos. En los sacramentos, Cristo se acerca y nos “toca” y nos sana. Acudamos a él con fe y confianza. Así nuestros oídos oirán su Palabra que da tanta paz, y escucharemos el clamor de tantos hermanos pobres y sufridos. Y tocará nuestros labios para que prediquen con valentía la buena Nueva con palabras y con la vida por todas partes: en casa, en el trabajo, entre los amigos, en nuestras comunidades.
Les mando a cada uno de ustedes la bendición de Dios, P. Antonio Rivero, L.C.