Evangelio 13 Mayo |Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver

JUEVES, 13 DE MAYO
LA VIRGEN DE FÁTIMA

RESUMEN DEL EVANGELIO, JUEVES 13 DE MAYO
LA VIRGEN DE FÁTIMA

Hoy en algunas partes del mundo se celebra la Solemnidad de la Ascensión. Pero en otras partes se celebrará el próximo domingo. Por eso centremos nuestra atención en el evangelio de hoy.

Juan 16, 16-20: En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver». Entonces algunos de sus discípulos comentaron entre sí: «¿Qué es eso que nos dice: ‘Dentro de poco ya no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver’ y ‘Me voy al Padre’?». Y decían: «¿Qué es ese ‘poco’? No sabemos lo que quiere decir». Se dio cuenta Jesús de que querían preguntarle y les dijo: «¿Andáis preguntándoos acerca de lo que he dicho: ‘Dentro de poco no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver?’. En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo».
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MI COMENTARIO

1. Pero antes de comentar el evangelio comentemos el mensaje de la Virgen de Fátima. Se apareció un 13 de mayo de 1917 en Fátima, Portugal, a tres pastorcitos: Lucía de 10 años, Francisco de 9 y Jacinta de 7. La Virgen les citó para el 13 de cada mes. Lucía les dijo que no contaran nada. Pero Jacinta contó el secreto. Sufrieron cárcel. Y el 13 de octubre ocurrió el milagro del sol, que parecía que bailaba y venía a precipitarse sobre todos los que habían acudido ahí, más de 70.000 personas.
2. La Virgen recomendó el rezo del Rosario, hacer sacrificios por la conversión de los pecadores. Anunció que la primera guerra mundial estaba por terminar (1914-1918). Pero que, si no se dejaba de ofender al Señor, pronto comenzaría otra guerra peor que la primera, como efectivamente sucedió, la segunda guerra mundial (1940-1945). Y hoy, ¿se han convertido los pecadores?
3. El mensaje del evangelio de hoy es maravilloso: El Espíritu Santo, mandado por Jesús, será el gran Consolador de nuestra vida. Sí, sufriremos, como sufrió Jesús y los amigos de Jesús. ¿Quién no sufre? Pero el Espíritu Santo, si lo invocamos, nos consolará, nos dará ánimo. El Espíritu-Consolador prometido por Jesús era quien había sostenido a los Apóstoles y a los demás discípulos de Cristo en las primeras pruebas y sufrimientos al inicio del cristianismo, y seguía concediendo a la Iglesia su confortación incluso en los períodos de tregua y de paz. De él dependía aquella paz y aquel crecimiento de las personas y de las comunidades en la verdad del Evangelio. Así sucedería siempre a lo largo de los siglos. Las conversiones al inicio del cristianismo consolaban a los discípulos. La unidad que se estaba logrando era otra consolación que les regalaba el Espíritu Santo. Otra consolación: el evangelio comenzó a redactarse por escrito. La fuerza que tenían los apóstoles para ir por todo el mundo era inyección de consuelo y aliento del Espíritu Santo. Cada uno de nosotros puede contar los consuelos que hemos recibido de Dios a lo largo de los años.

Invoquemos más seguido al Espíritu Santo en nuestro día a día para que experimentemos ese consuelo divino, que tanta paz nos dará al alma. Y también nosotros seamos hombres y mujeres que sepamos transmitir el consuelo de Dios con nuestras palabras y gestos. ¡Hay tantos que caminan y viven tristes! Seamos portadores del consuelo del Espíritu Santo. Les mando a cada uno la bendición de Dios, P. Antonio Rivero, L.C.

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