Evangelio según San Marcos 7,14-23.
Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre.
¡Si alguien tiene oídos para oír, que oiga!».
Cuando se apartó de la multitud y entró en la casa, sus discípulos le preguntaron por el sentido de esa parábola.
El les dijo: «¿Ni siquiera ustedes son capaces de comprender? ¿No saben que nada de lo que entra de afuera en el hombre puede mancharlo,
porque eso no va al corazón sino al vientre, y después se elimina en lugares retirados?». Así Jesús declaraba que eran puros todos los alimentos.
Luego agregó: «Lo que sale del hombre es lo que lo hace impuro.
Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios,
los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino.
Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre».
RESUMEN EVANGELIO MIÉRCOLES 12 DE FEBRERO, MARCOS 7, 14-23
Jesús nos hace hoy una resonancia magnética y un electrocardiograma a nuestro corazón. ¿Cuál es el resultado?
1. ¿Qué resultado dará este cardiograma? La ciencia dice que estas son unas de las enfermedades del corazón: Malformacion Arteriovenosa. Aneurisma de aorta. Infarto agudo de miocardio. Insuficiencia cardíaca. Angina de pecho. Arritmias. Hipertensión.
2. Jesús nos da este resultado: “Del corazón del hombre salen las intenciones malas, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, las codicias, las injusticias, los fraudes, el desenfreno, las envidias, la difamación, el orgullo y la frivolidad”.
3. Aún estamos a tiempo. Él es nuestro Médico. ¿Cómo sería nuestro mundo y nuestras familias y nuestras comunidades con corazones semejantes al corazón de Jesús: manso, humilde, puro, bondadoso, caritativo, misericordioso, fiel, paciente, comprensivo? Ya no habría guerras, ni odios, ni todo eso que Jesús apunta en el evangelio de hoy.
Pidamos a Cristo que nos haga una operación de corazón, que nos haga un trasplante y nos ponga su corazón en nuestro pecho. “Toma mi corazón, dame el tuyo, Jesús”. Les mando a cada uno la bendición de Dios, P. Antonio Rivero, L.C.