Evangelio 11 Noviembre |Levántate y vete , tu fe te ha salvado

MIÉRCOLES 11 DE NOVIEMBRE

RESUMEN DEL EVANGELIO, MIÉRCOLES 11 DE NOVIEMBRE
SAN MARTÍN DE TOURS, OBISPO DEL SIGLO IV EN FRANCIA

Lucas 17, 11-19: Curación de los diez leprosos. Un día, de camino a Jerusalén, Jesús pasaba por los confines entre Samaría y Galilea, y, al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz, dijeron: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!». Al verlos, les dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes».

Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz; y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. Tomó la palabra Jesús y dijo: «¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?». Y le dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado».
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MI COMENTARIO

1. En tiempos del Señor, los leprosos formaban parte del estamento de los marginados. De hecho, aquellos diez leprosos fueron al encuentro de Jesús en la entrada de un pueblo (cf. Lc 17,12), pues ellos no podían entrar en las poblaciones, ni les estaba permitido acercarse a la gente («se pararon a distancia»).

2. Con un poco de imaginación, cada uno de nosotros puede reproducir la imagen de los marginados de la sociedad, que tienen nombre como nosotros: inmigrantes, drogadictos, delincuentes, enfermos de sida, gente en el paro, pobres… Jesús quiere restablecerlos, remediar sus sufrimientos, resolver sus problemas; y nos pide colaboración de forma desinteresada, gratuita, eficaz… por amor. ¿Por qué no les acercamos a Jesús? Aprendamos de san Martín de Tours que supo descubrir a Jesús en ese pobre hombre que tiritaba de frío y le repartió la mitad de su manto. Esa noche vio en sueños que Jesucristo se le presentaba vestido con el medio manto que él había regalado al pobre y oyó que le decía: «Martín, hoy me cubriste con tu manto».

3. También nosotros hemos sido en cierto sentido “leprosos”. El pecado nos hace leprosos antes Dios. Y Dios nos ha curado tantas veces. La pregunta es esta: ¿imitamos al leproso curado, que vuelve a Jesús para darle gracias? De hecho, sólo «uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios» (Lc 17,15). Jesús echa de menos a los otros nueve: «¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están?» (Lc 17,17). San Agustín dejó la siguiente sentencia: «‘Gracias a Dios’: no hay nada que uno puede decir con mayor brevedad (…) ni hacer con mayor utilidad que estas palabras». Por tanto, nosotros, ¿cómo agradecemos a Jesús el gran don de la vida, propia y de la familia; la gracia de la fe, la santa Eucaristía, el perdón de los pecados…? ¿No nos pasa alguna vez que no le damos gracias por la Eucaristía, aun a pesar de participar frecuentemente en ella? La Eucaristía es —no lo dudemos— nuestra mejor vivencia de cada día.

Que san Martín de Tours interceda por nosotros para que como él sirvamos a Jesús en nuestros hermanos más pobres y necesitados, buscando sólo los bienes del cielo. Así dijo en su vida: «fui soldado por obligación y por deber, y monje por inclinación y para salvar mi alma». Acerquemos a tantos leprosos a Jesús para que los cure. Les mando la bendición de Dios, P. Antonio Rivero, L.C.

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