RESUMEN DEL EVANGELIO, VIERNES 3 DE DICIEMBRE
MEMORIA DE SAN FRANCISCO JAVIER, UNO DE LOS PRIMEROS DISCÍPULOS DE SAN IGNACIO DE LOYOLA (JESUITAS). MISIONERO EN EL ORIENTE, EN POCOS AÑOS EVANGELIZÓ LA INDIA Y JAPÓN. MURIÓ EN 1552, A LOS 46 AÑOS DE EDAD, MIENTRAS SE ENCAMINABA A CHINA. PATRONO DE LAS MISIONES CATÓLICAS.
Sigamos rezando por el fruto del viaje apostólico del Papa a Chipre y Grecia.
Mateo 9, 27-31: Cuando Jesús se iba de allí, al pasar le siguieron dos ciegos gritando: «¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!». Y al llegar a casa, se le acercaron los ciegos, y Jesús les dice: «¿Creéis que puedo hacer eso?». Dícenle: «Sí, Señor». Entonces les tocó los ojos diciendo: «Hágase en vosotros según vuestra fe». Y se abrieron sus ojos. Jesús les ordenó severamente: «¡Mirad que nadie lo sepa!». Pero ellos, en cuanto salieron, divulgaron su fama por toda aquella comarca.
MI COMENTARIO
- La ceguera en la Biblia es a menudo un símbolo de la ceguera espiritual: la incapacidad de ver lo que realmente importa. Centrados en los bienes mundanos de riqueza, placer, poder y honor la mayoría de la gente no ve cuán ciegos están de las cosas verdaderamente importantes: entregarse a la gracia de Dios y vivir una vida de amor cumpliendo nuestros deberes de cristianos. Si no te has rendido a la gracia de Dios, estás ciego.
- Qué maravilloso es, entonces, que estos hombres del Evangelio puedan clamar a Jesús en sus necesidades. Están, por supuesto, haciendo una petición por una curación física, pero es mucho más que eso para nosotros. Es pedir por aquella cosa que en verdad importa: la visión espiritual —entender de qué se trata mi vida, poder ver mi vida desde un punto de vista más amplio, comprender hacia dónde me dirijo. Puedes tener toda la riqueza, el placer, el honor y el poder que quieras. Puedes tener todos los bienes mundanos que puedas desear. Pero si no puedes ver espiritualmente, no te harán ningún bien; probablemente te destruyan.
- Ahora bajemos el evangelio a nuestra vida: ¿cómo anda la visión de mi fe? ¿Veo a Dios en cuanto me sucede, sea agradable o desagradable? El adviento es tiempo para acudir a Cristo y pedirle la sanación de nuestros ojos interiores. Cristo nos invita a abrir los ojos, a esperar, a permanecer en búsqueda continua, a decir desde lo hondo de nuestro ser: “ven, Señor Jesús” y a salir al encuentro del verdadero Salvador, que es Cristo Jesús, Luz del mundo. Sea cual sea nuestra situación personal y comunitaria, Dios nos alarga su mano y nos invita a la esperanza, porque nos asegura que él está con nosotros y nos quiere curar de nuestras cegueras. Si no acudimos a Cristo nuestra miopía crecerá y nada veremos ni entenderemos de las cosas de Dios.
Será mi fe la que casi obligue a Jesús a curarme, como les pasó a estos ciegos. Pidamos a María, la mujer de fe, que interceda por nosotros para que nuestra fe sea firme, fuerte, recia, luminosa, contagiosa. San Francisco Javier se lanzó a las Indias y al Japón porque tenía una visión de fe profunda. Y allá contagió la fe en Cristo Jesús. En este adviento se tienen que encontrar nuestra ceguera con la luz de Cristo. Así veremos todo desde arriba. Les mando la bendición de Dios, P. Antonio Rivero, L.C.