VIERNES 27 DE AGOSTO
FIESTA DE SANTA MÓNICA, MADRE DE SAN AGUSTÍN
Mateo 25, 1-13: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite; las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas. Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron. Mas a media noche se oyó un grito: ‘¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!’. Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: ‘Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan’. Pero las prudentes replicaron: ‘No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis’. Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: ‘¡Señor, señor, ábrenos!’. Pero él respondió: ‘En verdad os digo que no os conozco’. Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora».
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MI COMENTARIO
A santa Mónica le pediremos que atienda las súplicas de tantas madres de familia por sus hijos, tal vez desorientados, así como ella fue atendida por Dios, cuando Agustín, su hijo, iba por malos caminos.
Y del evangelio de hoy aprendamos esta lección:
1. Vigilemos la lámpara de nuestra fe, aguardando la venida gloriosa de Jesús. Que nadie nos apague esa lámpara.
2. ¿Cómo? Sería bueno que durante esta espera recemos regularmente, leamos la Sagrada Escritura, nos eduquemos en la fe en cursos que hagamos, participemos en los sacramentos, especialmente la Eucaristía, realicemos obras de misericordia, tanto espiritual como corporal, convirtiéndonos en personas de amor. Seríamos tontos si fuéramos negligentes en esto durante nuestra espera.
3. Tengamos también el aceite suficiente de nuestro amor, que alimentará la lámpara de nuestra fe.
Estamos a tiempo. Les mando la bendición de Dios, P. Antonio Rivero, L.C.