MARTES 25 DE MAYO
RESUMEN DEL EVANGELIO, MARTES 25 DE MAYO
Marcos 10, 28-31: En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». Jesús dijo: «Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora en el presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y los últimos, primeros».
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MI COMENTARIO
Volvemos al Tiempo Ordinario litúrgico. No significa que sea un tiempo anodino, incoloro, inodoro e insípido. No. Es un tiempo distinto a los tiempos fuertes litúrgicos durante el año: Pascua y Navidad, con su preparación (adviento y cuaresma) y con su prolongación. ¿Qué debemos pedir y buscar en este tiempo ordinario? Nos hace descubrir la mano de Dios en las cosas ordinarias de cada día, el paso de Dios en todo, tiempo de salvación. Este tiempo ordinario ya dura hasta noviembre. Que la Virgen nos acompañe también.
De este evangelio leído, rescato lo siguiente, para nosotros, cristianos del siglo XXI:
1. No se debe seguir a Cristo buscando cosas materiales, honores, prestigio, aplausos, primeros puestos, puestos asegurados y bien remunerados. Tal vez es lo que pedía Pedro al decirle a Jesús: “Nosotros lo hemos dejado todo, ¿qué nos vas a dar, qué nos toca?”. Pedro tenía una visión egoísta e interesada. Y Cristo le llamó la atención. Se puede seguir a Cristo de dos modos: ya sea a tiempo completo como religioso, consagrado o sacerdote, o como casado, profesional, laicos metidos en sus trabajos diarios desgastantes para llevar adelante una familia. Es la vocación a la que Dios llama. Y hay que corresponder con generosidad y alegría, ofreciendo todo a Cristo. Y sin buscar compensaciones. La gran compensación será al final de nuestra vida: la felicidad en el cielo. Si no creemos en esto, ¡qué triste!
2. Cristo no esconde a Pedro y a nosotros, que quien le sigue tiene que prepararse para las dificultades, persecuciones, desprecios…es decir, tenemos que pasar por la cruz, física, moral, espiritual. Es vivir el misterio pascual en nuestra vida, en nuestra propia carne. Por eso, hay cosas que nos cuestan mucho, ¿verdad? Ya sea en la familia, en el trabajo, en la relación con los demás, en las comunidades donde servimos. ¿Por qué extrañarnos? Ya Jesús nos había advertido: “Conseguiremos la vida eterna, el cielo, sí…pero con persecuciones y dificultades y sudores”.
3. Cristo nos llama a formar con él una nueva familia en el espíritu. Sobre todo, a quienes nos ha llamado a servirle en cuerpo y alma, y las 24 horas del día, como consagrados, religiosas y sacerdotes. No hemos formado familia propia, pero no por eso hemos dejado de amar. Al contrario, estamos más plenamente disponibles para todos, movidos de un amor universal, no por una paga a corto plazo. No nos asegura el éxito y la felicidad y el aplauso de todos. En todo caso, la felicidad del que se sacrifica por los demás. Lo que sí promete es la cruz y las persecuciones. Lo que vale cuesta. Pero él nos dará la fuerza y su compañía.
Recemos hoy especialmente por quienes hemos dejado TODO, para seguir a Cristo, para que seamos fieles a nuestra vocación consagrada. Y que los santos y santas que ya gozan de la felicidad en el cielo intercedan por nosotros. Hoy encomendémonos especialmente a santa María Magdalena de Pazzi -monja carmelita-, san Beda Venerable -monje- y san Gregorio VII -Papa. Les mando a cada uno la bendición de Dios, P. Antonio Rivero, L.C.