Evangelio 22 Enero|¿ Está permitido en sábado salvar la vida de un hombre o dejarlo morir?

22 de enero, san Vicente diácono y mártir

RESUMEN EVANGELIO MIÉRCOLES 22 DE ENERO, SAN VICENTE MÁRTIR, MARCOS 3, 1-6: En aquel tiempo, entró Jesús de nuevo en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía la mano paralizada. Estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle. Dice al hombre que tenía la mano seca: «Levántate ahí en medio». Y les dice: «¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?». Pero ellos callaban. Entonces, mirándoles con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: «Extiende la mano». Él la extendió y quedó restablecida su mano. En cuanto salieron los fariseos, se confabularon con los herodianos contra Él para ver cómo eliminarle.
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MI COMENTARIO

Jesús sigue curando….¿Qué zonas de tu ser necesitan de este Médico divino?

1. Ahora se trata de alguien que tenía el brazo paralítico. Aquí tomó Jesús la iniciativa para dar una lección a los fariseos que se resistían a Él y a su mensaje. Una lección bien clara: ¿qué es antes la caridad o la ley? ¿se puede hacer el bien a este hombre aunque sea sábado: sí o no? Los atrapó Jesús y quedaron callados. Dan ganas de decirles a los fariseos: “Vamos, ¿a qué esperan? ¡Ábranse a Jesús! Pero la soberbia de ellos no les permitía aceptarlo. Se creían los maestros e interpretadores de la ley de Moisés. ¡Pobrecillos! Se perdieron el cariño y el amor de Cristo, por no quererse abrir a Él. Jesús le dijo al que tenía el brazo paralítico: “Extiende tu mano”, y lo curó. Cristo Médico. Cristo Señor del sábado. Cristo el Amor misericordioso del Padre hecho hombre.
2. Examinemos ahora nuestro corazón y nuestra vida: ¿qué zonas de mi ser tengo paralíticas y que necesitan curación de parte de Jesús?
a) Tal vez mi mente que se entretiene en pensamientos de soberbia, de ínfulas de fama, de pensamientos indignos. Y por eso tengo la mente dura que no se inclina a la verdad y a la obediencia.
b) Tal vez mi corazón donde permito otros afectos contrarios a mi vocación matrimonial, sacerdotal, religiosa. Y por eso mi corazón no es puro y llevo una doble vida.
c) Tal vez mi voluntad que es floja, perezosa. Y por eso no hago el bien, lo que debo. Por eso huyo ante el sacrificio y me quejo ante lo que me molesta y fastidia.
d) Tal vez mis ojos, mis oídos, mi lengua….están infectados de algún virus o bacteria que me aleja de Cristo desde hace tiempo. Y por eso, no me confieso ni comulgo ni rezo nunca ni leo la Biblia.

Si te pasa algo de esto, hoy es el día de implorar a Cristo que te cure y que oigas de Él: “extiende tu mano, para que puedas trabajar con honestidad y ayudar al prójimo…dame tu corazón para que te lo limpie…dame tu mente para que te la ilumine…y tu voluntad para que te la fortalezca…y así vivas tu vida matrimonial, sacerdotal, religiosa, laica con serenidad, sano…y seas feliz”.

A cada uno de ustedes les mando la bendición de Dios y les pongo bajo la intercesión de san Vicente, diácono y mártir de España, del siglo III, encadenado y torturado por orden del emperador romano por predicar a Cristo. P. Antonio Rivero, L.C.

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