Evangelio 29 Enero|Quien tenga oídos para oír, que oiga

Miércoles 29 de enero

RESUMEN EVANGELIO MIÉRCOLES 29 DE ENERO, MARCOS 4, 1-20: En aquel tiempo, Jesús se puso otra vez a enseñar a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a Él que hubo de subir a una barca y, ya en el mar, se sentó; toda la gente estaba en tierra a la orilla del mar. Les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas. Les decía en su instrucción: «Escuchad. Una vez salió un sembrador a sembrar. Y sucedió que, al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino; vinieron las aves y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no tenía mucha tierra, y brotó enseguida por no tener hondura de tierra; pero cuando salió el sol se agostó y, por no tener raíz, se secó. Otra parte cayó entre abrojos; crecieron los abrojos y la ahogaron, y no dio fruto. Otras partes cayeron en tierra buena y, creciendo y desarrollándose, dieron fruto; unas produjeron treinta, otras sesenta, otras ciento». Y decía: «Quien tenga oídos para oír, que oiga».
___________________________
MI COMENTARIO

¿Qué tipo de terreno soy: superficial, con piedras, entre espinas, o terreno bueno?

1. ¿Por qué algunos dan frutos óptimos, sabrosos de virtudes y otros frutos malos de pecado, vicios?
a) No es problema del Sembrador Dios, que siempre es generoso con todos y a todos quiere salvar y en todos esparce a voleo su semilla cada día, siempre y cuando uno tenga el campo abierto y no entre cotos y cotos.
b) Tampoco es problema de la semilla, que en principio está llamada a fructificar si encuentra la tierra y las condiciones meteorológicas.
c) Entonces el problema está siempre en la tierra:
– Tierras y campos superficiales que nunca se toman en serio nada y están a la caza de novedades y distracciones mundanas. Son terrenos estériles, pisados por todos. ¡Sé maduro y serio, amigo!
– Tierras y campos con mil piedras de soberbia y autosuficiencia. Ahí la semilla no entra ni fecunda. ¡Quita las piedras y verás!
– Tierras y campos con espinas de abrojos, preocupaciones, angustias, placeres que te impiden acoger esa semilla. Aquí la semilla se ahoga. ¡Corta todo eso!
– Tierras y campos abiertos, buenos, disponibles a esa semilla que Dios a diario siembre en la lectura de la Biblia, en un momento de oración, en una visita al Santísimo Sacramento en una iglesia, en una charla entre buenos amigos, en un retiro, en una confesión. No debemos olvidar que quien hace fructificar la semilla es Dios. Pero pide que no pongamos obstáculos con muros ni vallas.
2. ¿Cuál tipo de terreno eres tú? Me imagino que el último terreno, el bueno. Eso es lo que deseo para ti y para mí. Yo con esta sencilla reflexión te he querido regalar un poco de abono y de agua al terreno de tu alma, ya sembrado desde hace tiempo por el buen Dios. ¡Ánimo! Sigue dando buenos frutos de bondad, caridad, paciencia, generosidad, mansedumbre, honestidad, alegría, paz, etc.

A cada uno de ustedes les mando la bendición de Dios y pido a la Virgen les conceda hoy lo que más necesitan. P. Antonio Rivero, L.C.