Evangelio 1 Marzo|Sed Misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso

LUNES 1 DE MARZO

COMENTARIO DEL EVANGELIO, LUNES 1 DE MARZO
Lucas 6, 36-38: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá».
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MI COMENTARIO

Una vez más nos exhorta Jesús a vivir el mandamiento de la caridad con estas características: caridad misericordiosa. Y baja a detalles: no juzgar, no condenar, perdonar. Y pone una máxima muy seria: LA MEDIDA QUE USEMOS A LOS DEMÁS, CON ESA MEDIDA NOS MEDIRÁ DIOS.

1. En nuestro día a día hay cosas que nos molestan y fastidian de los demás. Es un hecho. Me han hecho el mal. Me han criticado. Veo que ese hermano se comporta mal, según mi juicio. Y lo más fácil es yo también pagar con la misma moneda y jugarlo. ¿Acaso soy juez de mi hermano? El único juez es Dios.
2. ¿Qué necesitamos? Un cambio de corazón. Dios tiene que hacer en esta cuaresma un trasplante de corazón. No es sólo cuestión de medicamentos que alivien momentáneamente el cansancio y el ahogo. Se trata de tener “los mismos sentimientos de Cristo” (Filipenses 2, 5): filiales con el Padre celestial y fraternales con los demás, sentimientos de comprensión y compasión. Jesús nos invita a educar el corazón, a tener un buen corazón, de donde nacen los gestos y las actitudes generosas.
3. Miremos a Cristo. El que pudo decir: “¿Quién de vosotros me echará en cara el pecado?” (Juan 8, 46), ese mismo acoge a todos, los comprende, sean publicanos, prostitutas o paganos. No hace asco de nadie. Mientras que los fariseos y guías del pueblo los desprecian y proscriben. Expresa su comprensión hacia sus mismos verdugos que le estaban torturando y matando: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23, 34).
4. Alguien ha dicho: Los hombres hemos de tener para con Dios un corazón de hijos; para con los hombres, un corazón de madre; y para nosotros mismos, un corazón de juez. Con frecuencia solemos cumplir este consejo, pero al revés. Para con Dios solemos tener un corazón de siervos; para con los demás, un corazón de juez; y para con nosotros mismos, un corazón de madraza. A esto se deben los muchos conflictos que padecemos. Esto nos lleva a ver como viga la paja del hermano y a ver como paja la viga enorme propia.

Hoy tiremos la escopeta de la crítica, que siempre está dispuesta a ver los defectos y jamás las virtudes de los demás. Los juicios, las críticas severas y la falta de aprecio bloquean el desarrollo de las personas. Cuidado: la medida que usemos con los demás, la usará Dios con nosotros. Yo prefiero pensar bien de todos, no juzgar mal a nadie, ser comprensivos con todos, ver las cosas buenas de los demás. Así Dios lo será conmigo. ¡Feliz semana de la caridad misericordiosa! Les mando a cada uno la bendición de Dios, P. Antonio Rivero, L.C.