RESUMEN DEL EVANGELIO, MIÉRCOLES 2 DE FEBRERO
FIESTA DE LA PRESENTACIÓN DE JESÚS EN EL TEMPLO
DÍA DE LA JORNADA MUNDIAL DE LOS CONSAGRADOS
DÍA DE LA CANDELARIA, PUES CRISTO ES LA LUZ
Lucas 2, 14-18
María y José, como hacían todas las familias judías con su primogénito, para ofrecerlo a Dios y luego “rescatarlo” dejando en su lugar, si eran pobres, como es éste el caso, “un par de tórtolas o dos pichones”. En el templo, dos personas mayores, Simeón y Ana, llenas de fe y de Espíritu, saben reconocer en aquel niño al Señor y Mesías, luz y salvación de la humanidad, y alaban gozosos a Dios.
1. ¿A qué nos invita este evangelio? Los ojos ven, los oídos se abren y la boca canta las alabanzas de Dios. Mis ojos cansados ven hoy al que es la luz de las naciones, la gloria de Israel y la salvación de todos. Mis oídos escuchan la voz del Espíritu hoy: “Este niño es signo de contradicción para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma”. La boca en este día tiene que abrirse y pedir a María y a José: “también a mí preséntenme a Dios….sobre todo, presenten a todos los consagrados y consagradas, pues hoy es el día de los consagrados”. Somos de Dios y para Dios. Gracias a la consagración a Dios que hemos hecho podemos hoy decirle: “Señor, aquí estamos felices, cuenta con nosotros….”.
• Sirviendo a nuestros abuelos en estos hogares de ancianos.
• Sirviendo a estos enfermos en los hospitales.
• Sirviendo a nuestros hermanos en la educación y escuelas, como maestros y maestras.
• Sirviendo a nuestros hermanos en las misiones, a los migrantes, a los pobres más pobres, a los huérfanos.
• Sirviendo a nuestros hermanos en el silencio de la oración y del ayuno.
2. No olvidemos que la vida consagrada está en el corazón de la Iglesia. Los consagrados somos «buscadores y testigos apasionados de Dios» que hemos visto las necesidades de la Iglesia y del mundo; que hemos oído la voz de Dios que nos invita a consagrarnos en cuerpo y alma; y que hemos respondido: “Aquí me tienes, cuenta conmigo”. No será fácil seguir a Cristo, pues es signo de contradicción como le dijo el profeta Simeón a María. Pero Él nos dará la fuerza para ser fieles, a pesar de todo, hasta el día de nuestra muerte. Hoy queremos agradecer a Dios el don de la vida consagrada y renovamos nuestro compromiso de seguir a Cristo en nuestro camino de entrega a los demás, intentando ser signos cada vez más luminosos del evangelio de Jesús para el mundo.
Les mando a cada uno de ustedes, especialmente a los consagrados y consagradas que me escuchan, la bendición de Dios, P. Antonio Rivero, L.C.